I
Esta noche
sola
en silencio
me voy juntando entre mis ruinas
argamasa piel cubre mis huesos
y nada entiendo de mañanas
II
Quiero dejar mi voz acodada en la ventana
saltar al vacío
y en silente vuelo surcar la oscuridad
III
En este mar de sombras
qué lámparas quedan encendidas
IV
El día me pone su mordaza de luz
camino pensando en nada
escucho el tañer del reloj
cruzo la calle
me descubro.
sábado, 7 de abril de 2012
domingo, 1 de abril de 2012
La luz es como el agua de Gabriel García Márquez.
(Actividad para vacaciones 1º secundaria CBA. INSTRUCCIONES AL FINAL DE TEXTO)
En Navidad los niños volvieron a pedir un bote de remos.
-De acuerdo -dijo el papá, lo compraremos cuando volvamos a Cartagena.
Totó, de nueve años, y Joel, de siete, estaban más decididos de lo que sus padres creían.
-No -dijeron a coro-. Nos hace falta ahora y aquí.
-Para empezar -dijo la madre-, aquí no hay más aguas navegables que la que sale de la ducha.
Tanto ella como el esposo tenían razón. En la casa de Cartagena de Indias había un patio con un muelle sobre la bahía, y un refugio para dos yates grandes. En cambio aquí en Madrid vivían apretados en el piso quinto del número 47 del Paseo de la Castellana. Pero al final ni él ni ella pudieron negarse, porque les habían prometido un bote de remos con su sextante y su brújula si se ganaban el laurel del tercer año de primaria, y se lo habían ganado. Así que el papá compró todo sin decirle nada a su esposa, que era la más reacia a pagar deudas de juego. Era un precioso bote de aluminio con un hilo dorado en la línea de flotación.
-El bote está en el garaje -reveló el papá en el almuerzo-. El problema es que no hay cómo subirlo ni por el ascensor ni por la escalera, y en el garaje no hay más espacio disponible.
Sin embargo, la tarde del sábado siguiente los niños invitaron a sus condiscípulos para subir el bote por las escaleras, y lograron llevarlo hasta el cuarto de servicio.
-Felicitaciones -les dijo el papá ¿ahora qué?
-Ahora nada -dijeron los niños-. Lo único que queríamos era tener el bote en el cuarto, y ya está.
La noche del miércoles, como todos los miércoles, los padres se fueron al cine. Los niños, dueños y señores de la casa, cerraron puertas y ventanas, y rompieron la bombilla encendida de una lámpara de la sala. Un chorro de luz dorada y fresca como el agua empezó a salir de la bombilla rota, y lo dejaron correr hasta que el nivel llego a cuatro palmos. Entonces cortaron la corriente, sacaron el bote, y navegaron a placer por entre las islas de la casa.
Esta aventura fabulosa fue el resultado de una ligereza mía cuando participaba en un seminario sobre la poesía de los utensilios domésticos. Totó me preguntó cómo era que la luz se encendía con sólo apretar un botón, y yo no tuve el valor de pensarlo dos veces.
-La luz es como el agua -le contesté: uno abre el grifo, y sale.
De modo que siguieron navegando los miércoles en la noche, aprendiendo el manejo del sextante y la brújula, hasta que los padres regresaban del cine y los encontraban dormidos como ángeles de tierra firme. Meses después, ansiosos de ir más lejos, pidieron un equipo de pesca submarina. Con todo: máscaras, aletas, tanques y escopetas de aire comprimido.
-Está mal que tengan en el cuarto de servicio un bote de remos que no les sirve para nada -dijo el padre-. Pero está peor que quieran tener además equipos de buceo.
-¿Y si nos ganamos la gardenia de oro del primer semestre? -dijo Joel.
-No -dijo la madre, asustada-. Ya no más.
El padre le reprochó su intransigencia.
-Es que estos niños no se ganan ni un clavo por cumplir con su deber -dijo ella-, pero por un capricho son capaces de ganarse hasta la silla del maestro.
Los padres no dijeron al fin ni que sí ni que no. Pero Totó y Joel, que habían sido los últimos en los dos años anteriores, se ganaron en julio las dos gardenias de oro y el reconocimiento público del rector. Esa misma tarde, sin que hubieran vuelto a pedirlos, encontraron en el dormitorio los equipos de buzos en su empaque original. De modo que el miércoles siguiente, mientras los padres veían El último tango en París, llenaron el apartamento hasta la altura de dos brazas, bucearon como tiburones mansos por debajo de los muebles y las camas, y rescataron del fondo de la luz las cosas que durante años se habían perdido en la oscuridad.
En la premiación final los hermanos fueron aclamados como ejemplo para la escuela, y les dieron diplomas de excelencia. Esta vez no tuvieron que pedir nada, porque los padres les preguntaron qué querían. Ellos fueron tan razonables, que sólo quisieron una fiesta en casa para agasajar a los compañeros de curso.
El papá, a solas con su mujer, estaba radiante.
-Es una prueba de madurez -dijo.
-Dios te oiga -dijo la madre.
El miércoles siguiente, mientras los padres veían La Batalla de Argel , la gente que pasó por la Castellana vio una cascada de luz que caía de un viejo edificio escondido entre los árboles. Salía por los balcones, se derramaba a raudales por la fachada, y se encauzó por la gran avenida en un torrente dorado que iluminó la ciudad hasta el Guadarrama.
Llamados de urgencia, los bomberos forzaron la puerta del quinto piso, y encontraron la casa rebosada de luz hasta el techo. El sofá y los sillones forrados en piel de leopardo flotaban en la sala a distintos niveles, entre las botellas del bar y el piano de cola y su mantón de Manila que aleteaba a media agua como una mantarraya de oro. Los utensilios domésticos, en la plenitud de su poesía, volaban con sus propias alas por el cielo de la cocina. Los instrumentos de la banda de guerra, que los niños usaban para bailar, flotaban al garete entre los peces de colores liberados de la pecera de mamá, que eran los únicos que flotaban vivos y felices en la vasta ciénaga iluminada. En el cuarto de baño flotaban los cepillos de dientes de todos, los preservativos de papá, los pomos de cremas y la dentadura de repuesto de mamá, y el televisor de la alcoba principal flotaba de costado, todavía encendido en el último episodio de la película de media noche prohibida para niños.
Al final del corredor, flotando En Navidad los niños volvieron a pedir un bote de remos.
-De acuerdo -dijo el papá, lo compraremos cuando volvamos a Cartagena.
Totó, de nueve años, y Joel, de siete, estaban más decididos de lo que sus padres creían.
-No -dijeron a coro-. Nos hace falta ahora y aquí.
-Para empezar -dijo la madre-, aquí no hay más aguas navegables que la que sale de la ducha.
Tanto ella como el esposo tenían razón. En la casa de Cartagena de Indias había un patio con un muelle sobre la bahía, y un refugio para dos yates grandes. En cambio aquí en Madrid vivían apretados en el piso quinto del número 47 del Paseo de la Castellana. Pero al final ni él ni ella pudieron negarse, porque les habían prometido un bote de remos con su sextante y su brújula si se ganaban el laurel del tercer año de primaria, y se lo habían ganado. Así que el papá compró todo sin decirle nada a su esposa, que era la más reacia a pagar deudas de juego. Era un precioso bote de aluminio con un hilo dorado en la línea de flotación.
-El bote está en el garaje -reveló el papá en el almuerzo-. El problema es que no hay cómo subirlo ni por el ascensor ni por la escalera, y en el garaje no hay más espacio disponible.
Sin embargo, la tarde del sábado siguiente los niños invitaron a sus condiscípulos para subir el bote por las escaleras, y lograron llevarlo hasta el cuarto de servicio.
-Felicitaciones -les dijo el papá ¿ahora qué?
-Ahora nada -dijeron los niños-. Lo único que queríamos era tener el bote en el cuarto, y ya está.
La noche del miércoles, como todos los miércoles, los padres se fueron al cine. Los niños, dueños y señores de la casa, cerraron puertas y ventanas, y rompieron la bombilla encendida de una lámpara de la sala. Un chorro de luz dorada y fresca como el agua empezó a salir de la bombilla rota, y lo dejaron correr hasta que el nivel llego a cuatro palmos. Entonces cortaron la corriente, sacaron el bote, y navegaron a placer por entre las islas de la casa.
Esta aventura fabulosa fue el resultado de una ligereza mía cuando participaba en un seminario sobre la poesía de los utensilios domésticos. Totó me preguntó cómo era que la luz se encendía con sólo apretar un botón, y yo no tuve el valor de pensarlo dos veces.
-La luz es como el agua -le contesté: uno abre el grifo, y sale.
De modo que siguieron navegando los miércoles en la noche, aprendiendo el manejo del sextante y la brújula, hasta que los padres regresaban del cine y los encontraban dormidos como ángeles de tierra firme. Meses después, ansiosos de ir más lejos, pidieron un equipo de pesca submarina. Con todo: máscaras, aletas, tanques y escopetas de aire comprimido.
-Está mal que tengan en el cuarto de servicio un bote de remos que no les sirve para nada -dijo el padre-. Pero está peor que quieran tener además equipos de buceo.
-¿Y si nos ganamos la gardenia de oro del primer semestre? -dijo Joel.
-No -dijo la madre, asustada-. Ya no más.
El padre le reprochó su intransigencia.
-Es que estos niños no se ganan ni un clavo por cumplir con su deber -dijo ella-, pero por un capricho son capaces de ganarse hasta la silla del maestro.
Los padres no dijeron al fin ni que sí ni que no. Pero Totó y Joel, que habían sido los últimos en los dos años anteriores, se ganaron en julio las dos gardenias de oro y el reconocimiento público del rector. Esa misma tarde, sin que hubieran vuelto a pedirlos, encontraron en el dormitorio los equipos de buzos en su empaque original. De modo que el miércoles siguiente, mientras los padres veían El último tango en París, llenaron el apartamento hasta la altura de dos brazas, bucearon como tiburones mansos por debajo de los muebles y las camas, y rescataron del fondo de la luz las cosas que durante años se habían perdido en la oscuridad.
En la premiación final los hermanos fueron aclamados como ejemplo para la escuela, y les dieron diplomas de excelencia. Esta vez no tuvieron que pedir nada, porque los padres les preguntaron qué querían. Ellos fueron tan razonables, que sólo quisieron una fiesta en casa para agasajar a los compañeros de curso.
El papá, a solas con su mujer, estaba radiante.
-Es una prueba de madurez -dijo.
-Dios te oiga -dijo la madre.
El miércoles siguiente, mientras los padres veían La Batalla de Argel , la gente que pasó por la Castellana vio una cascada de luz que caía de un viejo edificio escondido entre los árboles. Salía por los balcones, se derramaba a raudales por la fachada, y se encauzó por la gran avenida en un torrente dorado que iluminó la ciudad hasta el Guadarrama.
Llamados de urgencia, los bomberos forzaron la puerta del quinto piso, y encontraron la casa rebosada de luz hasta el techo. El sofá y los sillones forrados en piel de leopardo flotaban en la sala a distintos niveles, entre las botellas del bar y el piano de cola y su mantón de Manila que aleteaba a media agua como una mantarraya de oro. Los utensilios domésticos, en la plenitud de su poesía, volaban con sus propias alas por el cielo de la cocina. Los instrumentos de la banda de guerra, que los niños usaban para bailar, flotaban al garete entre los peces de colores liberados de la pecera de mamá, que eran los únicos que flotaban vivos y felices en la vasta ciénaga iluminada. En el cuarto de baño flotaban los cepillos de dientes de todos, los preservativos de papá, los pomos de cremas y la dentadura de repuesto de mamá, y el televisor de la alcoba principal flotaba de costado, todavía encendido en el último episodio de la película de media noche prohibida para niños.
Al final del corredor, flotando entre dos aguas, Totó estaba sentado en la popa del bote, aferrado a los remos y con la máscara puesta, buscando el faro del puerto hasta donde le alcanzó el aire de los tanques, y Joel flotaba en la proa buscando todavía la altura de la estrella polar con el sextante, y flotaban por toda la casa sus treinta y siete compañeros de clase, eternizados en el instante de hacer pipí en la maceta de geranios, de cantar el himno de la escuela con la letra cambiada por versos de burla contra el rector, de beberse a escondidas un vaso de brandy de la botella de papá. Pues habían abierto tantas luces al mismo tiempo que la casa se había rebosado, y todo el cuarto año elemental de la escuela de San Julián el Hospitalario se había ahogado en el piso quinto del número 47 del Paseo de la Castellana. En Madrid de España, una ciudad remota de veranos ardientes y vientos helados, sin mar ni río, y cuyos aborígenes de tierra firme nunca fueron maestros en la ciencia de navegar en la luz.entre dos aguas, Totó estaba sentado en la popa del bote, aferrado a los remos y con la máscara puesta, buscando el faro del puerto hasta donde le alcanzó el aire de los tanques, y Joel flotaba en la proa buscando todavía la altura de la estrella polar con el sextante, y flotaban por toda la casa sus treinta y siete compañeros de clase, eternizados en el instante de hacer pipí en la maceta de geranios, de cantar el himno de la escuela con la letra cambiada por versos de burla contra el rector, de beberse a escondidas un vaso de brandy de la botella de papá. Pues habían abierto tantas luces al mismo tiempo que la casa se había rebosado, y todo el cuarto año elemental de la escuela de San Julián el Hospitalario se había ahogado en el piso quinto del número 47 del Paseo de la Castellana. En Madrid de España, una ciudad remota de veranos ardientes y vientos helados, sin mar ni río, y cuyos aborígenes de tierra firme nunca fueron maestros en la ciencia de navegar en la luz.
INSTRUCCIONES: después de leer el cuento deberás hacer un comic, utiliza los puntos más importantes de la historia y haz tus ilustraciones. Recuerda que debes utilizar hojas tamaño carta dobladas a la mitad para realizar un pequeño libro de historietas. No olvides la portada, el título y el autor de este cuento, así como tu nombre, escuela, grado y grupo.
¡FELICES VACACIONES!
lunes, 26 de marzo de 2012
El pequeño terrón de arcilla (1º secundaria CBA)
Autora: Diana Engel
Muy arriba, en lo más alto de una vieja torre, había un taller. Era un taller de alfarería, abarrotado de recipientes con esmaltes de colores, tornos de alfarero, hornos y, cómo no, arcilla. Cerca de la ventana se encontraba un arcón de madera enorme, con una pesada tapa. Allí se guardaba la arcilla. Al fondo, aplastado contra una esquina, estaba el terrón de arcilla más antiguo de todos. Apenas lograba recordar la última vez que lo habían utilizado, mucho tiempo atrás. Cada día, alguien levantaba la tapa del arcón y en el recipiente se introducían diversas manos que, con toda rapidez, agarraban bolsas o bolas de arcilla. El pequeño terrón escuchaba los alegres sonidos de los artesanos, atareados con su trabajo.
—¿Cuándo me tocará a mí?—, se preguntaba. A medida que pasaba los días en la oscuridad del arcón, el pequeño terrón de arcilla iba perdiendo la esperanza.
Un día, un numeroso grupo de niños llegó al taller con su profesora. Muchas manos se introdujeron en el arcón. El pequeño terrón de arcilla fue el último en ser elegido pero… ¡ya estaba fuera!
—Ha llegado mi oportunidad—, pensó, cegado a causa de la luz.
Uno de los niños colocó el terrón de arcilla sobre un torno de alfarero e hizo girar la rueda a toda velocidad. —¡Qué divertido!—, pensó el terrón. El niño trató de estirar la arcilla hacia arriba mientras el torno daba vueltas sin cesar. El pequeño terrón experimentó la emoción de adquirir una forma diferente.
Tras varios intentos por producir un cuenco, el niño se dio por vencido. Amasó la arcilla y la presionó hasta convertirla en una bola totalmente redonda.
—Hora de hacer limpieza— anunció la profesora. La alfarería se inundó de los sonidos de los chiquillos frotando, limpiando, lavando y secando. El agua goteaba por todas partes.
El niño soltó el terrón de arcilla cerca de la ventana y salió corriendo para unirse a sus amigos. Pasado un rato, el taller quedó desierto y reinaron el silencio y la oscuridad. El terrón de arcilla estaba aterrorizado. No sólo añoraba la humedad del arcón; también sabía que se hallaba en peligro.
—Todo ha terminado—, reflexionó. —Me quedaré aquí y me secaré hasta quedar duro como una piedra.—
El terrón permanecía junto a la ventana abierta, incapaz de moverse, y notaba cómo la humedad se iba evaporando poco a poco. Los rayos del sol le golpearon con fuerza y el viento de la noche le azotó hasta que estuvo duro como un pedrusco. Se había endurecido tanto que apenas podía pensar; sólo sabía que estaba desesperado.
Sin embargo, en lo más profundo de su ser quedaba una diminuta gota de humedad, y el terrón de arcilla se negó a dejarla escapar.
—Lluvia—, pensó.
—Agua—, suspiró.
—Por favor—, logró por fin transmitir a través de su materia reseca y desalentada.
Una nube que por allí pasaba sintió lástima del terrón de arcilla, y entonces ocurrió algo maravilloso. Enormes gotas de lluvia se colaron con fuerza por la ventana abierta y cayeron sobre el pequeño terrón. Llovió durante toda la noche y para cuando amaneció, el terrón de arcilla se encontraba tan blando como en sus mejores tiempos.
El sonido de voces llegó hasta la alfarería.
—¡Oh, no! —exclamó una mujer. Se trataba de una artesana que solía utilizar el taller—. Alguien se ha dejado abierta la ventana durante todo el fin de semana. Habrá que limpiar todo esto. Si quieres, puedes trabajar con la arcilla mientras voy en busca de toallas —le dijo a su hija.
La niña vio el terrón de arcilla situado junto a la ventana.
—Es una pieza perfecta, justo lo que necesito — comentó.
De inmediato, comenzó a presionar la pasta con los nudillos y a moldearla en atractivas formas. Para el terrón de arcilla, los dedos de la niña eran como una bendición.
La pequeña iba reflexionando a medida que trabajaba y sus manos se movían con un propósito determinado. El pequeño terrón percibió que iba adquiriendo una forma hueca y redondeada. Unos cuantos pellizcos y ya tenía un asa.
—¡Mamá, mamá! —llamó la niña—. ¡He fabricado una taza!
—Es preciosa —dijo su madre—. Colócala en la repisa y después la meteremos al horno. Luego, podrás barnizarla con el color que más te guste.
Al poco tiempo, la pequeña taza estaba en condiciones de ser trasladada a su nuevo hogar. Ahora reside en un estante de la cocina, junto a otras tazas, platillos y tazones. Cada pieza es diferente y algunas de ellas son preciosas.
—¡A desayunar!— llama la madre mientras coloca la taza nueva sobre la mesa y la llena de chocolate caliente.
El antiguo terrón se siente muy orgulloso. —¡Por fin! Por fin sirvo para algo—.
EL PEQUEÑO TERRÓN DE ARCILLA
Preguntas
- Numera las siguientes frases en el orden que los acontecimientos suceden en
____ la historia. El número 1 aparece señalado.
____ La lluvia hizo que el terrón de arcilla se volviera húmedo y blando.
____ Un niño intentó transformar el terrón de arcilla en un cuenco.
____ Una niña fabricó una taza con el terrón de arcilla.
____ El terrón de arcilla se secó.
_1_ El terrón de arcilla estaba en el interior del arcón.
¿Por qué permaneció el terrón de arcilla en el interior del arcón durante tanto tiempo?
(1)______________________________________________________________________________________________________________________
Al comienzo de la historia, ¿qué deseaba el terrón de arcilla?
(1)______________________________________________________________________________________________________________________
¿Por qué finalmente sacaron el terrón de arcilla del arcón?
A. Todos los demás terrones de arcilla se habían sacado del arcón.
B. Se encontraba encima de otros terrones de arcilla.
C. El niño eligió ese terrón porque le gustó más que ninguno.
D. La profesora le pidió al niño que utilizara ese terrón.
¿Qué descuido cometió el niño?
A. Dejó la arcilla sobre el torno de alfarero.
B. Hizo girar la rueda a toda velocidad.
C. Colocó la arcilla junto a la ventana.
D. Amasó y presionó la arcilla.
El niño puso el terrón de arcilla en peligro. ¿Cuál era ese peligro?
______________________________________________________________________________________________________________________
¿Cómo se sintió el terrón de arcilla justo después de que el niño se marchara del taller?
A. satisfecho
B. asustado
C. enfadado
D. orgulloso
¿Qué suceso maravilloso ocurrió después de que el terrón de arcilla hubiera permanecido mucho tiempo junto a la ventana? ¿Por qué fue algo tan maravilloso para el terrón de arcilla?
(2)______________________________________________________________________________________________________________________
______________________________________________________________________________________________________________________
¿Qué palabras de la historia demuestran que la niña sabía lo que quería hacer?
A. “los dedos de la niña eran como una bendición.”
B. “la niña vio el terrón de arcilla.”
C. “la niña agarra con delicadeza el antiguo terrón de arcilla.”
D. “sus manos se movían con un propósito determinado.”
Describe los diferentes sentimientos que experimentó la arcilla al comienzo y al final de la historia. Explica por qué cambiaron sus sentimientos.
(3)______________________________________________________________________________________________________________________
______________________________________________________________________________________________________________________
La niña es un personaje importante en esta historia. Explica por qué tuvo tantaimportancia en lo que ocurrió.
(2)______________________________________________________________________________________________________________________
______________________________________________________________________________________________________________________
La autora de la historia escribe sobre el terrón de arcilla como si éste fuera una persona. ¿Qué intenta la autora que tú imagines?
A. Lo que se siente al estar bajo la lluvia.
B. Lo que podría sentir un terrón de arcilla.
C. Lo que se siente al trabajar la arcilla.
D. Lo que se siente al crear algo con tus propias manos.
¿Cuál es el mensaje principal de esta historia?
A. Es tan fácil modelar a las personas como a la arcilla.
B. En el mundo existe mucha infelicidad.
C. Todo resulta mejor cuando se tiene un propósito determinado.
D. D La alfarería es la mejor manera de hacer el bien en el mundo.
jueves, 15 de marzo de 2012
UNA NOCHE INCREÍBLE de Franz Hohler (1º SECUNDARIA)
Una noche, al pasar junto a la mesita del teléfono camino del baño, Ana oyó algo que sonaba como un silbido muy bajito pero, como estaba medio dormida, no le prestó mucha atención. Además, venía de muy lejos. Fue volviendo a su cuarto cuando se dio cuenta de dónde venía. Bajo la mesita del teléfono había un gran montón de periódicos y revistas viejos que empezaron a moverse. De allí salía el ruido. De repente, el montón comenzó a tambalearse —a la izquierda, a la derecha, hacia delante y hacia atrás—, y a continuación los periódicos y las revistas quedaron esparcidos por todo el suelo.
Ana se quedó paralizada. Con los ojos como platos, vio cómo el cocodrilo salía de entre los periódicos y lentamente miraba a su alrededor. Parecía que acababa de salir del agua, porque tenía todo el cuerpo chorreando y por donde pasaba iba dejando la alfombra empapada.
El cocodrilo movió la cabeza de un lado a otro dejando escapar un fuerte gruñido. Ana tragó saliva mientras miraba aquel hocico y la larguísima fila de dientes. Después, el cocodrilo movió la cola despacio de un lado a otro. Ana había leído algo al respecto en la Revista de Animales: cuando el cocodrilo golpea el agua con la cola, es para espantar o atacar a sus enemigos.
La niña posó la vista en el último número de la Revista de Animales, que se había caído del montón y estaba a sus pies. Se volvió a sorprender. La portada de la revista tenía antes una ilustración de un gran cocodrilo a la orilla de un río.
Ahora, ¡la orilla del río aparecía vacía!
Ana se agachó y cogió la revista. En ese momento, el cocodrilo movió la cola con tanta fuerza que el jarrón con los girasoles se cayó al suelo y se rompió, y las flores quedaron esparcidas por todas partes. De un salto, Ana se metió en su cuarto. Cerró la puerta de un portazo, empujó la cama y la colocó contra la puerta. Había construido una barricada que la mantendría a salvo del cocodrilo. Respiró aliviada.
Pero entonces, tuvo una duda: ¿y si la fiera tan solo tuviera hambre? ¿Quizás bastaría con darle algo de comer para que se fuera? Ana volvió a mirar la Revista de Animales.
Si el cocodrilo había sido capaz de salir de la foto, quizás otros animales también podrían hacerlo. Ana pasó las hojas de la revista a toda prisa y se detuvo en una en la que aparecía un grupo de flamencos en un pantano. “Justo lo que necesito”, pensó. “Parecen una tarta de cumpleaños para cocodrilos”.
De repente, se oyó un fuerte crujido y la punta de la cola del cocodrilo atravesó la puerta, astillándola.
Rápidamente, Ana colocó la foto de los flamencos en el agujero de la puerta y gritó lo más alto que pudo:
—¡Salid del pantano! ¡Venga, venga!
Entonces, lanzó la revista a través del agujero hacia el pasillo, tocó las palmas y chilló y gritó.
Apenas podía creer lo que sucedió a continuación. Todo el pasillo estaba lleno de flamencos que alborotaban aleteando y corriendo por toda la casa con sus patas largas y delgadas. Ana vio a una de las aves con un girasol en el pico y a otra que cogía el sombrero de su madre, colgado del perchero. También vio cómo otro flamenco desaparecía dentro de la boca del cocodrilo. Se lo zampó en dos bocados y enseguida se comió otro, el que llevaba el girasol en el pico.
—Por favor —susurró—; por favor, vuelve a casa.
Regresó sigilosamente a su habitación y miró a través del agujero de la puerta. Vio al cocodrilo de vuelta en la portada de la revista.
Entonces se dirigió con cuidado al salón, donde los flamencos estaban arremolinados alrededor del sofá y encima del televisor. Ana abrió la revista por la página que tenía la fotografía en blanco.
—Gracias —dijo—. Muchas gracias. Ya podéis volver a vuestro pantano.
Por la mañana, le resultó muy difícil explicar a sus padres la enorme mancha de humedad que había en el suelo y la rotura de la puerta. No se quedaron convencidos con lo del cocodrilo, a pesar de que el sombrero de su madre no aparecía por ningún lado.
Ad a p t a d o d e E i n e Wi l d e Na c h t , e n De r Gr o ß e Zwe rg u n d An d e r e
Ge s chi cht en, de Fr anz Hohl e r. Publ i c ado en 2003 por Deut s che r Taschenbuch Verlag, Munchen, Germany. Copyright de las ilustraciones
© 2003, IEA. Se ha intentado obtener el permiso de reproducción.
Preguntas
1. ¿Cuál fue la primera señal de que algo raro estaba pasando?
A. El montón de periódicos empezó a moverse.
B. Ana vio la portada de la revista.
C. La puerta de su habitación estaba rota.
D. Ana oyó un sonido parecido a un silbido.
2. ¿De dónde salió el cocodrilo?
A. del cuarto de baño
B. de la portada de una revista
C. de debajo de la cama
D. de un río cercano
C. de debajo de la cama
D. de un río cercano
3. ¿Qué palabras te indican que Ana estaba asustada?
A. “se quedó paralizada”
B. “no podía creer lo que veían sus ojos”
C. “respiró aliviada”
D. D “sonaba como un silbido muy bajito”
4. ¿Por qué creyó Ana que el cocodrilo iba a atacar?
A. Porque enseñaba su larga fila de dientes.
B. Porque dejó escapar un fuerte gruñido.
C. Porque empezó a gruñir y a resoplar.
D. Porque movía la cola de un lado a otro
5. Pon las siguientes frases en el orden en que suceden en la historia. La primera ya aparece señalada.
____Ana vio al cocodrilo.
____ El cocodrilo se comió dos flamencos.
____Ana intentó explicar a sus padres lo de la puerta rota.
____Ana empezó a caminar hacia el cuarto de baño.
____Ana corrió a su habitación y cerró la puerta de un portazo.
6. ¿Por qué llamó Ana a los flamencos?
_____________________________________________________________________________________________________________________¿Cómo
7. se rompió la puerta de la habitación?
- A. La cola del cocodrilo la atravesó.
- B. El jarrón se rompió contra ella.
- C. El afilado pico del flamenco se incrustó en ella.
- D. La cama chocó contra ella.
8. ¿Cómo ayudó la revista a Ana? Da dos ejemplos.
1.- ______________________________________________________________________________________________________________________
2.- ______________________________________________________________________________________________________________________
9. Al final de la historia, ¿qué actitud tuvo Ana hacia los flamencos?
A. culpable
B. precavida
C. agradecida
D. D enfadada
B. precavida
C. agradecida
D. D enfadada
10. Escribe una cosa que a Ana le resultó difícil de explicar a sus padres.
______________________________________________________________________________________________________________________
___________________________________________________________
11. Sabes cómo era Ana por las cosas que hizo. Describe cómo era Ana y pon dos ejemplos de lo que hizo que lo demuestren.
______________________________________________________________________________________________________________________
______________________________________________________________________________________________________________________
___________________________________________________________
12. El autor no nos dice si la aventura de Ana fue sólo un sueño.
Busca una prueba de que la aventura podría haber sido un sueño.
______________________________________________________________________________________________________________________
___________________________________________________________
Busca una prueba de que la aventura podría no haber sido un sueño.
______________________________________________________________________________________________________________________
___________________________________________________________
jueves, 8 de marzo de 2012
Programa Raíces. NQ Radio Tulancingo
En "Raíces": Josè Francisco Palacios nos platicará sobre el Congreso de Filosofía y Educación en Tulancingo. Además, para conmemorar el día de la mujer,, nos acompañará Ana María Vázquez Salgado para hablarnos de la creación poética desde el lado femenino. A las 9:00 de la noche por NQ.
viernes, 24 de febrero de 2012
Cécile Corbel es una cantante francesa. Ha lanzado cuatro álbumes de música original y trabajó para el Estudio Ghibli como compositor para su película de 2010, el Prestatario Arrietty . Corbel canta en muchos idiomas, incluyendo francés , italiano , bretón, y Inglés y ha hecho canciones en Irlanda , Turquía yJapón .
miércoles, 24 de agosto de 2011
Taller de Creación Literaria
Taller de Creación Literaria
coordina: Ana María Vázquez Salgado
Un espacio para la producción poética
Un espacio narrativa donde adquirirás las herramientas necesarias para ficcionar.
Un espacio para la creación y reflexión
En un ambiente relajado sin perder las reglas del oficio de escribir.
Todos los viernes de 6:00 a 8:00 p.m.
¡INICIAMOS EN SEPTIEMBRE!
GEM Grupo Educativo Multidisciplinario Kukulkán.
Morelos Pte. 124-B
Col. Centro
Tulancingo, Hgo.
Teléfono:
(01775) 97 409 79
044 775 1226220
lunes, 22 de agosto de 2011
Palabras a golpe de mujer
Sólo por la experiencia se llega a conocer, sólo a través de la Palabra es posible que el universo todo sea. Una comunicación singular, descriptiva, avasallante en el placer de recrear relatar nombrar y dar voz a la experiencia personal. Un canto que no empieza por los ojos o las manos, bastiones desangelados con los que habitualmente se toca y simboliza el soma femenino. No, el cuerpo de la mujer es el recinto del ser, espacio y línea de fuga de su deseo, es el lugar de la enunciación. Una voz que suave rompe el silencio para decirnos de pasión, de encuentros, y sí, también de desencuentros; un anhelo permanente, una necesidad de reencontrase con el otro, un deseo que toma forma. Un viaje excepcional a través de la palabra.
En este proceso íntimo, esa surte de lucha por decir, se escriben libros, revistas y diarios; pero también, y de manera mucho más frecuente, hojas sueltas, libretas, servilletas de cualquier cafetería. Se escribe a ojos vistos o a escondidas; con los reflectores del éxito sobre sí, o en el total anonimato. Porque en este ejercicio permanente “de mover el mudo” las mujeres lo mismo cocinan, friegan los platos, cambian pañales, estudian o sale sortear el devenir del ámbito laboral, que hilvanan palabras. Porque la poesía se vive en cada hecho cotidiano, en esos pequeños instantes que se convertirán en Palabra. Un ejercicio de vida, una forma de contemplar la existencia a través del filtro que somos y desgranar en versos la realidad que se habita. Diálogo y lucha ente el yo y todas las posibilidades del ser, necesidad impostergable de continuar diciendo que se es. Y cuando entre las sombras del tiempo aparecen imágenes, recuerdos, sensaciones y sonidos, y nada alcanza para nombrarlas, para esos está la poesía.
Así, las poetas tulancinguenses: Antonia Cuevas Naranjo, Anel Ortega, Rubí Pérez Daverport, Ana María Vázquez Salgado, entre tantas otras que combaten desde sus trincheras, levantamos la voz, como si izáramos banderas, para decir: aquí estamos.
Ana María Vázquez Salgado.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)
El dulce peligro de idealizar el pasado
Escuchar las historias, las buenas historias colmadas de momentos maravillosos, de instantes únicos, de actos heroicos o sobrenaturales ...
-
Autora: Diana Engel Muy arriba, en lo más alto de una vieja torre, había un taller. Era un taller de alfarería, abarrotado de recipientes...
-
I Esta noche sola en silencio me voy juntando entre mis ruinas argamasa piel cubre mis huesos y nada entiendo de mañanas II Quiero ...
